Articulación productiva para un crecimiento más alto e inclusivo

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Sr. Ricardo Monge
Socio Consultor Ecoanálisis

En un artículo anterior, señalé que nuestro país no ha logrado aún alcanzar un crecimiento alto, sostenido e inclusivo, que permita hacer frente a los retos de desempleo, pobreza e informalidad, entre otros. Lo anterior, debido a que no se ha logrado alcanzar significativos niveles de encadenamientos productivos entre las actividades ligadas al comercio exterior y aquellas orientadas principalmente al mercado interno (PYMES), lo cual permitiría a su vez aumentar el valor agregado de nuestras exportaciones. Estos dos requisitos son básicos para lograr el objetivo planteado, según varios estudios a nivel mundial (v.g. UNCTAD, 2013). Si bien muchas PYMES costarricenses tienen hoy en día relaciones comerciales con empresas de exportación, principalmente de zonas francas, la verdad es que en la mayoría de los casos estos encadenamientos, si bien importantes, son en servicios no comercializables (v.g. electricidad y telecomunicaciones) e insumos estandarizados (v.g. materiales de empaque y embalaje) y no en insumos que lleguen a formar parte del producto final de las empresas exportadoras (es decir,  insumos claves para los diferentes eslabones de las cadenas de valor de estas empresas). Lo que realmente se requiere, es incrementar de manera sostenida y significativa los encadenamientos de estos insumos claves para que conforme la operación de las empresas de exportación crezca, éstas arrastren a las empresas que están encadenadas con ellas; además de los conocidos derrames de tecnología y conocimientos que se producen desde las empresas exportadoras hacia las empresas domésticas, lo que incrementa la productividad de éstas últimas. Así, la pregunta es ¿por qué es tan difícil lograr encadenamientos de este tipo? Varios estudios muestran que el principal problema de las empresas domésticas para integrarse a las cadenas de producción de las empresas exportadoras consiste en la brecha tecnológica entre estos dos tipos de empresas. Lo cual se refleja en amplias diferencias en sus niveles de productividad. ¿Qué hacer entonces? Lo que se requiere son políticas que mejoren, entre otras cosas, la capacidad de innovación no tecnológica (organización y métodos de comercialización), la capacidad de absorción y adaptación de tecnología, y la capacidad de innovación tecnológica (en productos y procesos) de las empresas domésticas. Entre estas políticas, una de vital importancia aún ausente en el país, es la de desarrollo de clústeres (PDC), la cual requiere para su éxito del correcto alineamiento de otras políticas públicas en los campos de ciencia, tecnología e innovación, educación primaria y secundaria, formación técnica y profesional, financiamiento, emprendedurismo, infraestructura, calidad, etc. Esta propuesta significa un cambio de paradigma, toda vez que se propone la generación de ventajas competitivas mediante el fortalecimiento de las cadenas de valor en las actividades donde el país tiene mayores fortalezas, en lugar de una política de promoción de sectores productivos per se. En posteriores artículos ahondaré en cada uno de estos temas. Por el momento, cabe señalar que una política de desarrollo de clústeres (PDC) constituye un mecanismo para solventar los obstáculos que limitan el incremento de los encadenamientos productivos, aumentando a la vez la productividad y la competitividad de las empresas domésticas. Muchos países han venido mostrando un creciente interés en la implementación de PDC. Así, durante la década de los 90s países como Escocia, Italia y Dinamarca, e inclusive regiones como la Comunidad Autónoma del País Vasco y Cataluña, han venido implementando exitosamente PDC. Esta tendencia se ha intensificado con el paso de los años, en especial durante la última década en los países de la OCDE, incluyendo los EE.UU y Japón. Mediante las políticas de desarrollo de clústeres (PDC), los países que las han implantado exitosamente, han logrado moverse desde las ventajas comparativas basadas en factores tales como el bajo costo de la mano de obra, que con frecuencia son transitorias, hasta lograr ventajas competitivas más sostenibles, aumentando la calidad de los productos, añadiéndoles características que los hagan más deseables para los consumidores, desarrollando tecnología de procesos propios o aumentando la eficiencia de la producción, todo lo cual conlleva también mejoras en la calidad de los empleos y aumento de los ingresos de los trabajadores.

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