Desempleo y déficit fiscal

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PhD. Edgar Robles
Socio Consultor Ecoanálisis

El mayor problema de la economía costarricense es la falta de generación de empleo. La última Encuesta Continua de Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) muestra que en los últimos 5 años, la economía solo creó 77 mil empleos, al tanto que la fuerza de trabajo creció casi en 182 mil personas. Esto significa que en este lapso, la cantidad de desempleados aumentaron en casi 105 mil personas. Esto representa un incremento de 36% en la cantidad de desempleados, los cuales hoy representan el 12% de la fuerza de trabajo.

El desempleo golpea más fuertemente a la población entre 15 y 24 años (31,7%), a los trabajadores con estudios universitarios sin título (21,9%) y a las mujeres (14,9%). Por ejemplo, el porcentaje de mujeres desempleados entre 15 y 24 años es 37,8% y la tasa de desempleo de mujeres con estudios universitarios incompletos es de 26,9%.

Las perspectivas del empleo en los próximos meses no son nada prometedoras. La actividad económica en Costa Rica ha venido ralentizándose y la puesta en marcha del plan fiscal en el segundo semestre del 2019 hará más lenta aun la economía, así como la creación del empleo.

Es muy común en diversos países encontrar una relación entre incrementos de impuestos y una menor actividad económica. En primera instancia, las expectativas de los agentes económicos se ajustan y se vuelven más pesimistas. Esto significa que existe en ellos mayor cautela a la hora de invertir y de consumir. En segunda instancia, cuando el gobierno logra recaudar más impuestos, hay un daño sobre el crecimiento económico, pues en la economía se produce más un colón gastado en el sector privado que un colón gastado en el sector público. En términos económicos, es más fuerte la propensión marginal a consumir en el consumo privado que en el consumo público. Por ello, los ajustes fiscales son más recomendables realizarlos mediante la reducción del gasto público en lugar de incrementos de impuestos.

Para compensar los efectos recesivos de los paquetes fiscales, es necesario emprender reformas para promover el crecimiento económico y el empleo. Es acá en donde Costa Rica ha sido muy poco innovadora y no se ha logrado avanzar lo suficiente en una agenda que promueva el crecimiento económico sostenible. Por el contrario, los últimos gobiernos han insistido en crear programas asistencialistas que desmotivan el trabajo y otras reformas que incrementar el costo de la formalidad.

Por ejemplo, las cargas sociales que se cargan sobre el empleo en Costa Rica son incluso más elevadas que en países escandinavos y estamos a una distancia impresionante de tener un nivel de ingreso o un sistema de protección social como el de estos países. Más bien, los incrementos recientes en las cargas sociales ha promovido la precarización del trabajo en nuestro país. La misma encuesta del INEC muestra que entre el 2011 y el 2018, el porcentaje de la población informal pasó de un 36 a un 45 por ciento, lo cual nos acerca al promedio latinoamericano.

Por tanto, una verdadera promoción al empleo requiere de una revisión de los programas estatales con el fin de disminuir el gasto público y de un rebalanceo de las cargas sociales para promover el empleo formal, aparte de los programas de mejoramiento de las habilidades de la mano de obra y las políticas de desregulación que siempre aparecen en todos los programas de gobierno.

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